


Los Tamallis son un alimento con historia. Sus raíces se encuentran en la época precolombina, en el mundo náhuatl, en el que el maíz era parte fundamental de la alimentación y es también el principal ingrediente de este platillo, cuyo nombre significa envoltorios de maíz.
Con la llegada de los españoles se enriqueció la preparación de los Tamallis y se introdujeron rellenos de pollo, cerdo y res, además de vegetales y hierbas que fueron exitosamente cultivados en América. Otros ingredientes de gran importancia fueron el chile, el chocolate y el mole que en manos expertas, convirtieron la degustación en una experiencia incomparable, casi ritual.
La esencia del tamal es el maíz que, al ser mezclado, da lugar a tres variedades de masa: colada, batida tradicional y canaria, todas ellas manejadas por nuestra empresa.
Tamalli ha recuperado estos conocimientos conservando el ritual de aquellas cocinas precolombinas, pero ahora introduciendo técnicas y sabores contemporáneos capaces de seducir a los paladares más sofisticados.
Cada región de México, Centro y Sudamérica cuenta con una variedad de tamales únicos por su sabor, ingredientes locales y recetas regionales.
En Tamalli creemos que son tres las características de un buen tamal:
El complemento ideal de los tamales es el atole que también data de épocas ancestrales.
El atole –o sus variantes como el pozol, uno de los más populares- ha sido favorecido desde siempre por ser una fuente excepcional de energía para quienes lo beben.
El atole goza de gran reputación. Algunas crónicas refieren que esta bebida de fécula de maíz fue un alimento del gusto de emperadores y que hasta el mismo Moctezuma lo saboreaba endulzado con miel.
Como en el caso de los tamales, la mezcla de culturas produjo una rica variedad de atoles con frutas, especias y granos.
El atole es tan relevante en la cultura y la gastronomía mexicanas que anualmente se celebra en Tarécuato, Michoacán, una feria destinada a mostrar y vender las más insospechadas y sabrosas variedades de esta deliciosa bebida.
Para preparar los atoles, en Tamalli seleccionamos con esmero frutas frescas que cocemos lentamente en agua y azúcar para luego reducirlas a fragmentos mínimos en un proceso de delicada molienda. Luego añadimos leche y fécula bajo estrictas condiciones de higiene.

